jueves, septiembre 30

Raro, raro, raro

Leo la siguiente noticia en el periódico:

Y, de repente, me surgen una serie de cuestiones al respecto:
1- Si se convierte en dos mascarillas (digo yo, por lo de dos tetas) ¿tienen que las dos personas ir unidas para respirar o se desmonta entero?
2- Si las copas son tan grandes como las de la foto ¿le sirve para la boca a todo el mundo o habrá tallas, según la boca?????
3- Tienes una emergencia y necesitas la mascarilla ¿te quedas en tetas delante de todo el mundo al quitarte el sujetador???
4- ¿por qué no calzoncillos que se convierten en gafas de sol? ¿porque sería un marrón?
5- ¿A quién se le ocurre respirar por un sujetador? ¿sirve para el asma?
6- Además de salvarte la vida, da gusto tener en la boca tal prenda?
7- Si hay una emergencia ¿todo el mundo se tirará a nuestros sujetadores en busca de salvación?
8- Si no uso sujetador ¿me muero?
9- Nunca necesité ni sujetador, ni una mascarilla ¿debo empezar ahora por si hay una amenaza mundial?
10- Las de talla pequeña ¿se lo donamos en caso de necesidad a una criatura?????
Ahora el refrán ha cambiado, en vez de "Tiran más dos tetas que dos carretas" ha pasado, con la modernidad a "Salvan más dos tetas que dos carretas".

lunes, septiembre 27

Cómo cambia la vida

De nuevo me encuentro fuera de casa. Otra vez estoy en un apartamento a cinco horas de mi gente. Un día más despierto en una ciudad que, por una semana, será la mía.
Ayer entré por este apartamento un poco ansiosa, tenía ganas de ver qué me pasaba después de casi un año. La última vez que estuve aquí, fui feliz como nadie durante una semana y sufrí como no recuerdo haberlo hecho nunca el resto del tiempo. Alguien, desde lejos, me lo dio todo y me lo quitó de golpe, sin yo entender nada, lejos de la gente que siempre me protege. Menos mal que, en aquella ocasión, lamiMari y lasuM vinieron a salvarme y me acompañaron en días de llantos y charlas, en momentos de tragarme la angustia que sufría para poder hacer disfrutar a la gente de mis sesiones de coeducación. Fue tan duro que me subí a una montaña rusa suicida durante todo un curso y eso me agotó.
Ayer entré y se me vino un poco encima todo, me vi llorando y teniendo un peso tremendo a la altura del corazón.
Pero ayer, era otra Marcela la que entraba y supe respirar, pararme un poco antes de encerrarme en el pasado, mirar hacia delante y ver que tengo un futuro espectacular que me espera con los brazos abiertos.
Y respiré hondo, cogí mis cosas, sacudí la cabeza y mandé a la mierda la tristeza que me rondaba. Me di la tarde para mí, para no hacer nada, para dormir después del viaje conduciendo sola, para hablar con mi gente, para visualizar que la vida me regala todo los días motivos para sonreír y para imaginarme a mí misma triunfante en las charlas que me esperan y rodeada de mujeres excelentes que me piden "de salir".
Y esto último, majas, me ayudó, porque la autoestima sube y ya no hay quién me pare.
Y hoy, al despertar, me di cuenta de que, a pesar del dolor, este apartamento impersonal es, un poco, mi casa y esta tarde me espera una de las tareas que más me gustan: sensibilizar al profesorado para que trabaje por una educación para la igualdad.
Hace dos meses que no doy una charla y tengo miedo escénico, pero sé que tendré fuerzas y ánimos para transmitir que otra enseñanza es posible y que nuestro alumnado merece otros modelos y otros referentes.
Adiós a lo que me pasó en el pasado, hola futuro, estoy preparada.

viernes, septiembre 24

Despistes

Hace tiempo que tengo ganas de escribir sobre mis despistes. No es que sean muchos, nooooo, pero alguno ha sido sonado.
El peor de todos, el que me trajo por la calle de la amargura sucedió hace ya años, yo estaba de profe en un pueblo de la montaña de cuyo nombre no quiero acordarme y fui a León a la casa del pueblo de mi padre y mi madre. El objetivo era cambiar el coche a mi padre para que le hiciera la revisión al mío (tradición familiar, que paga él, jejeje). Bien, llegué, comí, cogí el coche de mi padre, le dejé el mío y volví a hacer los doscientos y pico kilómetros hasta la aldea no romanizada. Lo malo es que sólo les dejé el coche, porque las llaves me las llevé yo y no me di cuenta hasta que no llegué al p. pueblo y salió la del bar haciendo aspavientos y diciéndome que llamara a casa a León. No hizo falta que dijera nada más, perdí el color, me temblaron las rodillas y palpé las llaves de mi coche en mi bolsillo. Llamé desde el bar (no había móviles, que hace mucho que soy profe) y escuché de todo. Menos mal que mi hermana mayor tenía una copia de la llave y muuuucha paciencia y se fue para León (3 horas ida y vuelta) al rescate. Ayyyy.
Menos traumático fue cuando metí unas bragas sucias en la nevera, pero más guarro. O cuando tiré la taza del café del desayuno, una vez terminado el idem, a la taza del váter y tiré de la cadena; o cuando felicité a una amiga el cumpleaños el 20 de abril y cumplía el 7 de enero; o cuando intentaba hablar por teléfono por el mando a distancia de la tele; o cuando fui a dar clase al insti y era domingo; o cuando perdí las llaves de mi coche a las tres de la mañana; o cuando salí del hotel y no sabía luego ni la dirección, ni el teléfono, ni la habitación; o cuando me apoyé en un mostrador de una tienda de lámparas y les tiré cuatro flexos al suelo; o cuando cogí un pincho en la barra del bar y al retirarme les tiré tres al fregadero lleno de agua sucia, o...
Tampoco es para tanto, joer, es que con tantos años a una le da tiempo a mucho ¿no?


jueves, septiembre 16

Mi padre

Después de leer a Cris y a Farala, me he dado cuenta de que casi nunca escribo sobre mi padre; quizá porque la pérdida de mi madre me dolió tanto, pero también porque mi padre siempre ha sido la persona en la sombra, dejando brillar la cultura y la fuerza de mi madre. Él siempre ha sido el segundo en la pareja, el que ha llorado más, el que más cariño nos ha dado, el que se sacrificó hasta lo indecible para que pudiéramos ser lo que ahora somos.
Mi padre es el afectivo de la familia, si hay boda de una de sus hijas no sólo llora el mismo día del evento, es que se pasa una semana antes y una después absolutamente emocionado. Llora en los bautizos y yo diría que él sí que aulló cuando mi madre falleció; desapareció del mundo por mucho tiempo cuando enterramos a mi madre, no era él ni su sombra, casi ni se movía, se negó a asearse, a salir de casa y casi hasta a mirarnos a nosotras. Todo en su gesto fue dolor y trsiteza.
Ahora vuelve a sonreir poco a poco, porque tiene un nieto de 8 meses que le hace revivir, porque su nieta de 25 años le adora y le mima, porque su otro nieto, de 16 años es su colega y son uña y carne. Y porque sus hijas sentimos adoración por este hombre que repite todo veinte mil veces, que es pesado hasta decir basta, que todavía nos riñe por fumar y que siempre está dispuesto a hacernos recados, llevarnos al aeropuerto y tenernos los coches a punto siendo él quien va al garaje.
Mi padre siempre fue un guasón, tiene chispa y gracia, es guapo y coqueto. Pero lo perdió cuando se vio sin la mujer de su vida, a la que dedicaba todo el tiempo que le permitían sus dos trabajos con sus dos horarios completos. Siempre fue pobre, pero generoso, aunque ahora le tachamos de egoista porque empieza a pensar solo en él.
Mi padre es un machista de la vieja escuela, pero ahora friega los platos y a mí (que me impuse) me hace la comida y me sirve cuando voy a su casa. Con su machismo a cuestas siempre nos inculcó (junto con mi madre) que nunca dependiéramos de ningún hombre, que fuéramos independientes y listas en la vida.
Mi madre nunca aceptó mi homosexualidad, ni siquiera cuando intenté decírselo. Él tampoco, pero últimamente me está demostrando que no pudo hacerlo para no contrariar al amor de su vida. Mi madre lo bloqueó en ese sentido y ahora, libre de esa atadura mental me pregunta por lamimari y lasuM, se interesa por la salud de C., me asegura que cada persona tiene que ser feliz buscando donde sabe que está su felicidad, me dice que respeta que cada persona viva como quiera, me tienta a que le cuente qué pasa con mi vida.
Pero yo escucho, le miro y callo, porque ahora ya no es mi momento, pero no le tengo rencor, veo en sus ojos una petición de perdón que dice más que cualquier palabra.
Mi padre siempre está ahí, nunca nos ha fallado y si lo ha hecho yo no me acuerdo, lo olvidé.
Mi padre es insoportable con sus chistes y sus pesadeces, pero es adorable. Mi padre es especial.
Cuando alguien le dice que su hija Marcela es el vivo retrato físico de él, mi padre contesta rápidamente: "Noooo, ella es mucho más lista, salió a su madre".
Mi padre tiene defectos tremendos, como todo el mundo, no es perfecto y ha cometido errores; pero ante todo pone el amor por sus hijas. No se le puede reprochar nada.
Mi padre es un orgullo para mí y desearía que todas las mujeres hubiéramos tenido un padre parecido.
Te quiero, papi.

lunes, septiembre 13

Viviendo

Sigo tranquila, y eso, que en otras personas es normal, a mí me resulta sorprendente y muy agradable. Vivo bien, el estrés todavía no ha empezado y cada día me resulta guapo.
Ayer, por ejemplo, conocí a gente estupenda y tuve una de esas comidas en las que no cierras la boca, pero no por hablar o por ser mal educada y masticar con toda la bocaza abierta, no; sino porque estaba con gente del cine que sabe mucho y su conversación me dejaba boquiabierta. he conocido a dos directoras de cine: Chus Gutiérrez (El calentito) y a Eva Lesmes (El palo), y también a Alicia Luna (guionista de Te doy mis ojos, por el que le dieron un Goya). Un día muy completo y de mucho aprendizaje.
Y hoy me fui con lamimarmarita a golfear un poco, que no sólo de cultura viven las marcelas, y se nos dio regular, pero nos reimos.
Vamos que llevo una vida muy normal, muy tranquila, muy sociable y muy en mi casa, que eso también me encanta.
El post es un poco tonto, pero chicas es que había que actualizar ¿no? Ahora buscaré una fotito guapa. Besos.

miércoles, septiembre 8

Sin palabras