jueves, junio 1

SOBREVIVIMOS A ESTO - I
“La moralidad depende en gran parte de las mujeres; ellas son las educadoras y, si actualmente la moralidad está tan baja, sería necesario, quizá, ver hasta qué punto ellas tienen la culpa.
Ordinariamente, no se dan cuenta de todo el mal que causan. […] Vosotras, las chicas, ¿tenéis siempre en cuenta la sensibilidad de nuestro cuerpo desde el punto de vista sexual? En el metro , en el tranvía, en el taller o en la oficina, a cada instante, encontramos chicas que se ofrecen. Visten faldas cortas y apretadas cuya única justificación es el deseo de atraer las miradas y despertarnos el deseo. Hay una manera muy natural de vestir a la moda y hay otra manera de vestir provocando. Una chica que va a la piscina o a la playa a nadar, no es ningún problema para un chico normal; una chica que va a exhibirse, puede serlo. Usar pantalón corto para practicar un deporte es indispensable; ingeniárselas para enseñar la rodilla en el tren es una incitación.” CUANDO SE DESCUBRE EL AMOR,Doctor Jouvenroux, Ed Nova Terra,Barcelona, 1968.

La idea de masculinidad que se extrae de este texto es una idea muy extendida que aún hoy en día tiene cierta vigencia: el hombre no se puede contener en sus impulsos sexuales, luego si pasa algo la culpa es de la mujer que lo ha incitado. Muchas sentencias recientes recogen esta idea y culpabilizan a la víctima en casos de violación: “incitó al violador, iba vestida demasiado sensual, ella ya no era virgen con lo que es menos grave la violación, llevaba pantalón vaquero y eso quiere decir que consintió porque nadie le quita el pantalón a la fuerza a otra persona, etc.”
Relacionado con esa idea de que la mujer que viste como quiere se está “ofreciendo”, estaría el tópico tan extendido de que las mujeres cuando dicen que “no” en realidad están diciendo que “sí”. Esta idea se ha usado como excusa para las violaciones y demás agresiones; el hombre interpreta lo que la mujer hace como un ofrecimiento y se cree en el derecho de hacer uso de la mujer como si fuera un objeto, sin tener en cuenta sus negativas o su resistencia. De esta manera se culpabiliza a la víctima y se exime de culpa al agresor.
Culpabilizar a la víctima ha sido, desde siempre, una tendencia de la sociedad patriarcal, la idea de que algo habrá hecho ella para merecer la agresión está a la orden del día en casos de violencia contra las mujeres, de acoso sexual y de violaciones; si bien es cierto que a nivel policial y jurídico se ha evolucionado (sin olvidarnos de que esta evolución viene dada por el trabajo incansable de las feministas en sus reivindicaciones), no sucede así en todos los estamentos sociales: aún escuchamos a ciertos responsables de algunas religiones culpar a la mujer maltratada, en la calle es normal el comentario de “algo habrá hecho ella”, etc.
La historia nos cuenta que se ha intentado negar a las mujeres una sexualidad en libertad, que el castigo al goce sexual siempre estaría presente, que la sexualidad era igual a pasividad y que el placer era cosa de hombres. La liberación que supusieron los años 70 rompió con muchos de los tabúes alrededor de la sexualidad de la mujer, de nuevo las feministas rompieron los moldes de la opresión.

7 comentarios:

Lía dijo...

Pobrecicos y inocentes ellos.

Siempre sufriendo ante las pérfidas féminas que los incitan sin piedad contra su virtud de naturaleza pura y casta...realmente debe ser horroroso vivir así, luchando contra tanta tentación suelta y reprimiendo impulsos de bragueta y de su priviliegiada naturaleza.
Un sin vivir, vaya. Hay que llamar al orden, sí...que para eso la culpa es de ellas.
Hala, les hacemos el manual de la tonta sumisa y feliz.

Lo triste del caso es que ellos así lo creían, y ellas (en buena parte) se lo acabaron creyendo...

Veo que has puesto ¿Cómo pudimos sobrevivir a esto? I...Perdón, antes de que llegue la parte II, me tengo que ir a vomitar un ratito...Os dejo de música de fondo eso de "Amo a Lauuuuuuuuuraaaaaaaaaaa...".

Marcela dijo...

jajajaja, Lía, espero que para cuando llegue la parte II ya hayas vomitado todo, porque quedan cosas mucho más fuertes.

Lía dijo...

Huys...Pobrecicos ¿¿¿y??? inocentes ellos. Fe de rata de laboratorio. Quería decir: EEEEEE

Habrá sido cosa de náusea contenida inmediatamente después de leer.

Para la parte II tengo a mano ya el Primperan.

Besos Marcela.

Mercedes dijo...

Mamma mia, qué cutrez.

No os perdáis esto:"ingeniárselas para enseñar la rodilla en el tren, es una incitación".
La cantidad de ideas misóginas que subyacen en esta frase.Una descarada mujer maquinando ante un pobre señor inocente para incitarlo a los malos pensamientos, como poco, claro. Y una justificación para que un hombre encencido por la contemplación tenga el camino libre para reaccionar como quiera. Así han justificado muchas violaciones, no?

Jajajajajaja. Pobres.

Un beso,

Mercedes.

Marcela dijo...

Si es que el libro en cuestión no tiene desperdicio, aunque todo él es un desperdicio, claro.
Lo que hay que mirar es que no estamos hablando de los años 30, sino que es un libro editado en el 68, no hace tanto.
Vamos, que esas ideas están metidas a calzador en la cabeza de mucha población actual. Menos mal que hubo gente que nunca se creyó ese mensaje.

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Anónimo dijo...

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