domingo, abril 2

FIDELIDAD
El otro día me preguntaron qué tal iba nuestra relación. Estaba en el mismo bar de siempre, con las mujeres de siempre y, de repente, alguien me preguntó por ti a la vez que comentaba lo buena pareja que hacíamos. Por lo visto, desde afuera, se nos ve como la unión femenina perfecta. No supe qué contestar y respondí toda la serie de vaguedades tópicas que se dicen en estos casos: que vamos bien, que ya son muchos años juntas, que no todo es tan idílico como parece y un largo etcétera.
Después me dio por pensar en ti y en mí. Es verdad que llevamos juntas toda una vida, son muchos años de convivencia sólo interrumpidos por alguna infidelidad mía, siempre pasajera. Pero tú siempre me has sido fiel, siempre me has recibido a la vuelta de mis amoríos con tu calidez fría y tu silencio sobrecogedor. Nunca un reproche, ni un gesto, ni un desprecio, como si ya hubieras sabido de antemano que volvería a ti.
Hemos pasado muchas cosas juntas, aunque reconozco que sobre todo acudo a ti para lo malo, pues lo bueno suelo celebrarlo en otras compañías. Me has visto reír, llorar, gozar y rabiar. Te sabes al dedillo cada rincón de mi cuerpo y en cada centímetro de mi piel has ido dejando tu huella. Has velado mis sueños más intranquilos y soportado mis insomnios inacabables, has leído conmigo cientos de libros y escuchado toda la música. Incluso sabes que es cuando estoy contigo cuando mejor escribo.
Pero debo confesarte que, a veces, he llegado a odiarte, te he insultado sin recibir nunca respuesta a mis afrentas, he intentado serte infiel a la menor oportunidad y he querido abandonarte para siempre, aunque eso significara perder un poco de mí misma.
Sí, lo confieso, no siempre te he querido, incluso algunos días no podía soportar la idea de abrir la puerta de casa y que tú estuvieras allí, esperándome para pasar la tarde y acabar durmiendo juntas.
Deseo que llegue alguien que, de una vez por todas, rompa las amarras que me unen a ti, una mujer con quien serte infiel de por vida, alguien que me haga olvidarte y que provoque entre tú y yo una dulce ruptura.
Lo siento, Soledad, algún día tenía que decírtelo. Sé que encontrarás a otra, hay tantas como yo que no te será difícil hallar un hueco en otra vida.
No sé por qué creo que no me has escuchado, no te he sentido irte; es más, miro a mi alrededor y sólo te veo a ti, llenando, como siempre, cuanto abarca mi vista y jurándome una amarga fidelidad eterna.

8 comentarios:

Roma dijo...

Me encantan estos relatos cortos tan potentes. Este es muy bueno. Y está tan bien escrito... Me ha sobrecogido, y me ha encantado. Me he quedado traspuesta, jaja. En serio. Me has dejado impresionada, Marcela. No sabía que escribieras con tanta resolución.

Marcela dijo...

Gracias, Roma, me alegra que te haya llegado este relato. Lo de "cortos" tiene su explicación: soy rapidilla para casi todo, no llego nunca a escribir algo largo.

Roma dijo...

Pero si se bastan así!! Si ni les sobra ni les falta!!
Hija, jajaaa, con lo difícil que es escribir "mucho" en pocas palabras!! El relato o cuento corto puede que sea de las cosas más difíciles de hacer.
Un consejo, si lo aceptas, sigue siendo así de rapidilla: es formidable.

Paula Orlando dijo...

Hola Marcela, pasa a devolverte la visita en tu blog, y me agradó bastante :)
Un beso desde Chile.

Campanilla dijo...

Precioso, me ha encantado.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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