Si primero digo que no me pasa nada en forma de post...toma post.
para mí la peluquería, excepto con aquella buena aprendiz que me lavaba la cabeza, siempre fue una tortura, una especie de prueba a mi paciencia y a mi saber decir que no a todos cuantos producto se empeñan en venderme cuando yo sólo voy a cortar un poco el pelo.
Pues bien, hoy disfruté con la cara de la peluquera y me ofrecí a mí misma una especie de venganza ideológica.
Llego a la pelu, se ve que hay crisis porque no hay ni un alma y me reciben como si hubiera llegado Rockefeler (a lo que estamos llegando, por las diosas). Me sientan, les digo exactamente lo que quiero y empieza el mercadillo:
- Chica, qué pelo tan bonito y taaaaan suave, qué pena esas pocas canas que se te ven ¿te ponemos algo de tinte?
- No, gracias, me gustan esas canas, las cuido más que a mí misma.
Cara de sorpresa en la peluquera, que sigue amasándome el pelo en busca de más "imperfecciones".
- Unos reflejinos te quedarían genial, con este color tan bonito que tienes.
- No, gracias, no necesito reflejos, nunca le he echado nada y me gusta tener el mismo pelo desde que nací, sin pintarlo.
Cara de "esti bollu no suelta la pasta".
Ya lavada y empezado el corte de pelo, se acuerda de algo, me deja y me viene con una tarjeta:
- Mira, te regalamos una sesión de INVIDA (lo entendí así, pero no sé si era ese el nombre), con este vale puedes tener media hora para la piel de la cara.
- Ah ¿y para qué exactamente?
- Pues para un tratamiento (de tropecientas mil sesiones luego) para el envejecimiento, te sube un poco los párpados, te quita alguna pata de gallo, te suaviza las arrugas, te....
- No, gracias, mis arrugas me encantan porque me recuerdan la cantidad de carcajadas, los ceños fruncidos de no entender nada, la cara contraída de cuando lloré y las miles de sonrisas que dicen que aguapan mi cara. Gracias, pero no quiero rejuvenecer, me gusto mucho.
Cara de "estaá lloca, no hay duda, esta ye más rara que un perru verde".
- Bueno, mira, te lo doy y si quieres se lo regalas a una amiga ¿vale?
- Vale, vale.
Hora de pagar mi sencillo corte de pelo y último intento:
- Mira, este champú es ideal para tu pelo (corto, sin reflejos, canoso y asquerosoooo, maja, le faltó decir), sólo cuesta 22€ y es ideal, ideal.
- Muuuy barato, sí, pero tengo todavía tres frascos de champú de la última oferta de Mercadona, gracias.
Pues me fui con sensación de que a pesar de haber pagado religiosamente mi corte de pelo, yo no soy buena clienta de la peluquería y la peluquera se quedó con cara de "estas mujeres que no se cuidan no merecen mi esfuerzo".
En fin, que hoy me marché riendo de la pelu, criando alguna arruguilla más pero más ancha que larga (eso siempre).
Seguir adelante...
Hace 5 años