Sí, me esperaba ya que noviembre iba a ser un mes terrorífico de trabajo. De hecho, así lo había planeado antes ya del verano, fue algo premeditado. Me explico: antes del verano me encontraba tan mal, tan desolada y tan frustada por tantos meses de intentar una relación que era imposible, que me empeñé en llenar mi tiempo para no poder estar mucho conmigo misma. Y puse manos a la obra y acepté todas las propuestas de trabajo extra que pude, y hasta me inventé alguna para no tener ni un minuto en el que mirarme en el espejo y ver el desastre de vida sentimental que llevaba.
Llené la agenda hasta límites que ahora veo como insalubres. El objetivo no era morir en el intento, pero sí era no tener tiempo a autocompadecerme, ni a pensarme, ni a analizarme. Antes del verano no quería verme ni en pintura y no quería darme la oportunidad de seguir cayendo en picado.
Pero en el verano hubo un cambio espectacular, mucha gente me ayudó a ver que tenía que pensarme para poder seguir adelante. En especial: Mármara me escuchó hasta el agotamiento, Lamimari y LasuM me acogieron como siempre, algunas blogueras me dieron asilo, cama, comida y cariño y, sobre todo, Morganita me enseñó a ver la vida de otra manera.
En septiembre, con las pilas cargadas, el corazón tocado pero no muerto y el cuerpo como nuevo, volví al trabajo y superé la prueba (mal que bien) de volver a verla. Y encontré a I. que se me metió en la vida suavemente, sin estridencias, sin montañas rusas, con cariño y escucha.
Y ya no quise mi agenda de noviembre, ya no quise trabajar tanto porque estaba contenta conmigo misma, porque quería tener tiempo a verme y a colocarme en una nueva forma de estar.
Pero los compromisos son los compromisos, y cumplí.
Por eso, hoy puedo decir que casi estoy de vacaciones, que he podido hacer todo lo que tuve que hacer, incluso corregir todo 2º de Bachillerato mientras viajaba de charla en charla.
Por eso, ahora, tengo que agradecer tanto a tantas que habéis estado ahí, sin reñirme, sólo escuchando, sin echarme en cara nada, sólo queriéndome, esperando que yo reaccionara y volviera a ser la Marcela de siempre.
Por eso, ahora, estoy tan contenta y me he dado una cura de sueño, para limpiar la agenda, para tener tiempo para mi gente, para querer a I, para adorar a lamimari y lasum, para compartir con Mármara, para saludaros a las blogueras y para agradecer a Morgana tanto que me ha aportado, que creo que ni ella es consciente.
Creo que esta vez, he aprendido la lección: no por mucho ocupar mi vida con trabajo, puedo huir de mí, me llevo a todas partes, mejor será mirarme a la cara.
Gracias, chicas, a todas las blogueras que me acogisteis, que me cuidasteis, que me escuchasteis sin juzgarme. Gracias.
PD: y también gracias a ella, que aunque nuestra historia ha sido imposible, es una amiga que también me ha enseñado mucho.
