Tengo que contarlo porque todavía estoy a carcajada limpia cada vez que me acuerdo. Esta tarde, después de mis clases del insti tenía que viajar dos horas para dar una charla de dos horas y media y volver a casa. Vamos que un palizón del quince. Bien, pues resulta que en medio de la charla, que digo yo que sería el cansancio, me pongo a hablar sobre unas cuestiones de competencia lingüística y en vez de "pobreza léxica" digo "pobreza lésbica". No me di cuenta y seguí, a pesar de ciertas sonrisas y de una chica con la cara colorada como un tomate (que le debió de dar hasta vergüenza ajena). Sigo la charla y digo de nuevo "pobreza lésbica", así hasta que a la cuarta vez me doy cuenta de lo que llevo diciendo un rato largo.
Menos mal que no me corto ni con un cristal y que no me pongo colorada aunque esté pasando una vergüenza de morirme. Ni corta ni perezosa (es un decir, porque hoy algo corta andaba yo, que no perezosa), me salió del alma decir: "Bueno, se me ha colado un lésbica por ahí, pero eso es tema de otra charla, que hoy hablamos de bilbiotecas; otro día vuelvo y os cuento el tema de la pobreza lésbica, que no es bueno mezclar temas".
Y seguí tan ancha. Ahora eso sí, en el viaje de vuelta casi me da un jamacuco de la risa, y por cierto ¿en qué estaría yo pensando para decir eso? Ayyyyyyyyyyyyyyyy.
Seguir adelante...
Hace 5 años