lunes, abril 23

TEMA DIFÍCIL
Alguna dirá, y tendrá razón en cierto sentido, que tengo obsesión con el tema escatológico porque ya hace una temporadita expuse mi intención de recoger símbolos de los baños para varones y para mujeres. Pero, queridas, ahora el tema que me ocupa es otro, un tema difícil realmente, peliagudo, espinoso como no encontré ninguno hasta ahora, íntimo, diría incluso que casi secreto.
Tan peliguado es este tema que no encuentro un nombre adecuado para referirme a él, de hecho, la única palabra exacta para la cuestión sería "escatología" , pero me dio yuyu eso de que la palabreja sirva tanto para los santos como para la mierda (con perdón).
Bueno, que sin más dilación (que no "dilatación", Marmarita, que te oigo), os planteo aquí el meollo de mi reflexión.
Resulta que tenemos una serie de funciones propias de un organismo vivo; bien, hasta aquí todo correcto. Tambien resulta que hay ruiditos de nuestro cuerpo que asumimos sin excesivo pudor (vease el crujir los dedos, o el rugir de tripas, el estornudo, la tos,...), perfecto.
Pero ¿qué nos pasa cuando nuestras flatulencias (gases naturales, al fin y a la postre) optan por salir?
Comprendo que "flatular" en público está mal (permitidme el verbo inventado, que me quedó muy fino); pero lo que a mí me llama la atención es el ejercicio de contención que hacemos cuando en un baño público coincidimos con alguien más y la puerta del servicio no es entera, es decir, que afuera se oye todo.
Esta suele ser la situación: estoy tranquila en la oficina, de repente mi cuerpo pide paso, bajo rauda y veloz (cada una que ponga aquí su ritmo corporal) al servicio, al entrar coincido con la administrativa que entra a la par que yo; como no puedo ya aguantarme, opto por entrar de igual forma (hay veces, que hasta prefiero irme y esperar para estar sola), entro en el cubículo individual correspondiente, la chica entra en el de al lado. Supongo que ella ha empezado a hacer algo, pero no oigo absolutamente nada, ni un liquidillo, ni una gotita, ni un reguerillo, nada de nada; hostia, qué mal rato. Mi cuerpo que quiere liberarse, yo que me contengo hasta el límite, hasta que consigo mi objetivo sin haber hecho el menor ruido. De repente, se oye el agua de dos cadenas y la tortura se acabó.
¿Por qué tanta contención? ¿Por qué esa tortura inútil? ¿Por qué ese pudor absurdo? ¿Os pasa a vosotras? ¿Les pasa también a los hombres? ¿Se rompen las parejas cuando deja de pasar esto y se comparte ya "todo"?
En fin, son dudas existenciales que tiene una. Ya sé, ya sé, que hoy es el día del libro, que se suponía que esto iba de lectura y no de escatología, pero así son los blogs.

10 comentarios:

mercedes dijo...

TEnía yo un tío... Bastante ordinario el buen señor pero en ocasiones cargado de sensatez que siempre repetía que "más valía perder a un amigo que a una tripa". Por otro lado un japonés flatulará en público sin problemas... Cuestion de puntos de vista-

Glora dijo...

ja,ja,ja... qué divertido!
Todo lo que dices, todo, me ha pasado a mí también...
Ojalá una pudiera dejar de darle importancia a esas cosas tan normales de la vida...
Besos

Mármara dijo...

Síííííí, me pasa!!!!!!! En mi caso, soy consciente de que la culpa la tiene la mala educación (muy mala, oyes, muy mala) que tuve, en ese sentido, que obligaba a toda "señorita bien educada" a la discreción más absoluta, en toditito: desde la risa al llanto, pasando por las flatulencias y demás zarandajas.
No sé si será porque tengo grabadas en mi disco duro esas ideas, pero como haya alguien en el servicio de al lado, ni cago (por si huele). ¿Absurdo? No sé qué te decir. Ahora bien, lo que sí que sé, con poco margen de error, es que en cuando las parejas "lo comparten todo", les falta un telediario para irse al carajo. ¿Absurdo? Séralo, muy guapamente, pero real como la vida misma.

MORGANA dijo...

jajajajajaja!! A ver, a ver...un poco de calma y abran las ventanas!! jajajaja

para empezar que sí... a mí también me pasa. ¿De cuántos armarios más tendremos que ir saliendo? jajaja

yo estoy con Mármara. la mala educación hizo que todo lo del cuerpo fuera vergonzozo y así nos va. Esto hay que arreglarlo un poquito y debería valer el cubículo individual independiente y el sentido común. Las cosas son como son, huelen como huelen y suenan como suenan...perooooo, mi querida Marcela, hasta una "meadita" estoy dispuesta a compartir con la parienta (de hecho, a veces las comparto con mis amigas y ellas las suyas conmigo) pero las demás cuestiones tan personales me gustan más que sean, para mí, una intriga.
Si es que no es bueno del todo conocerlo todo de la otra.

'amos,digo yo!

Feliz día del libro

MORGANA dijo...

vergonzoso quise decir...

winnie dijo...

Te cuento un secreto?? Y lo voy a escribir tal cual lo diría:
Vaya percal, eso pasaba en mi facultad hasta q empezamos a subir a cagar al tercero, que no hay nadie. Así de simple. Jejeje.
besitos bollito bonito

Blueyes dijo...

jajaja risa infinita jajaja
Gracias mil por este post :o)

Marcela dijo...

Mercedes, es cierto eso de que depende de qué cultura lo viva, eso demuestra la tontería que tenemos en el tema.
Glora, Mármara y Morgana, ya veo que también os pasa, eso me tranquiliza, jajajaaaaaa, qué educación tan "especial" hemos recibido que hemos negado el cuerpo.
Winnie, es genial tu respuesta y, sobre todo, la solución que habéis encontrado, ajjajaaaa, ojalá en mi curre hubiera tercer piso, jajajaa.
Blueyes, por tu respuesta, creo que a ti también te pasa, jajjaaa.

La Canija dijo...

Pues mira, yo una vez entré en el baño de la biblioteca y me estaba meando así que empujé con fuerza y se me escapó un pedo justo en el momento en el que todo estaba en silencio. Ni una cisterna, ni un reguero de otra...nada pudo tapar la sonoridad de mi pedo. Así que segundos después se me oía a mi descojonarme y salir del baño toda tranquila pensando que nadie iba a creer que había sido yo, precisamente la que se reía.

Marcela dijo...

Jajjajajaa, canija, acabo de soltar una carcajada en mitad del trabajo al leerte, es genial la anécdota, ajjajajjaaaaaa.