Me encanta hacer balance de los proyectos, de los viajes, de las temporadas, de todo. Tengo un gen que todo lo evalúa y, sobre todo, me enriquece pensar cómo fueron las cosas para repetir lo que me hizo feliz y cambiar lo que me fue mal. Hoy es buen momento, aunque sea el día de las bromas, para hacer mi balance de 2008, que fue un año raro, raro, raro. Voy a ponerlo de colorines, que me presta más:
- Profesionalmente fue una montaña rusa, conocí lo peor y triunfé como nunca, todo junto. Supe lo que era ir al trabajo odiándolo y eso se me quedó grabado a fuego. Conocí la dictadura en el curre y el poder de la jerarquía, la politicada que se mueve en los despachos y la cobardía de quienes agachan la cabeza ante la injusticia.
- En mi materia me hice un hueco importante que ahora me toca seguir alimentando. Tuve en muchos momentos la adrenalina a tope y me salió bien todo lo que emprendí, me arriesgué y gané. Me exprimí el cerebro y salió alguna publicación.
- Con mis amigas, cada vez mejor, cada vez más protegida del mundanal ruido, cada vez más acurrucada en sus ángulos, cada vez más abrazada y más bienvenida en mis continuas idas y venidas.
- El amor, ayyyyy, el amor. Tengo a quien quiero, después de largas y duras conversaciones tengo una relación bonita que no me impide hacer nada de lo que hago y que me llena cuando estamos juntas. Cuando no estamos juntas, pues eso: no estamos juntas, joer.
- Ha sido mi primer año completo sin mi madre...qué duro se me hace, cuánto la echo de menos, cuánto la he necesitado para charlar y para que me rascara la espalda, cuánto la he visualizado, sin quererlo, en sus últimos momentos, cuánto la necesito todavía, cuánto la extraño y cuánto la lloro.
- Y el notición del año: volví a ser profe y volví a ser feliz entre adolescentes.
En conclusión: fue un año muy bueno, en el que aprendí mucho, en el que me centré y ocnseguí las cosas que me propuse, en el que aprecié todo el cariño que se me dio y todo lo que recibí, en el que supe que las amistades y la familia están ahí para abrazarme, en el que viajé y conocí sitios y gente extraordinaria, en el que me reí a carcajadas y en el que lloré relajadamente. Muy buen año, no me puedo quejar de nada, todo me trajo algún aprendizaje y todo estuvo ahí para algo. Ahora, sólo me queda pedir al 2009: "que me quede como estoy" (quizá un poco más alta, tal vez). Ah, y el Sporting subió a primera, por la diosa, qué más puedo pedir.
