El día amaneció gris bajo una espesa capa de nubes, nada hacía presagiar que Asturias asistiría al mayor evento deportivo de la historia. La suave lluvia (orbayu) caía sobre los verdes campos de esta región norteña y aislada.
De ciertas casas empezaron a salir mujeres avezadas vestidas deportivamente, la sangre se despertaba, la energía comenzaba a fluir...las bolloastur saltaban a la playa.
Por el Bollo-Inserso: Hasta los Pelos, Heidi Metal, Tía Isi, Desastrín, Jo y Marcela, como blogueras. Sin blog pero reconocida en el mundo entero: ¡¡La mi Mari!! y otras diez o doce desconocidas por estos lares, pero igualmente animosas y deportivas, entre todas, unos 1500 años.
Por las Bollonenas: cinco de unos veinte años, otras diez de unos veintitrés y dos o tres despistadas de algo más de veintiocho.
Árbitra: una pobre que mejor se hubiera quedado en casa, que no recibió nada bueno.
Comienza el partido y La mi Mari que ya está tirada en la playa, como delantera central no tiene precio, por eso nadie la compra. El primer tiempo sólo se saldó con cuatro o cinco tobillos nuestros maltrechos y tres o cuatro bollonenas tocadas (en el buen sentido, que había alguna como para tocarla, jejejeje). Después de cuarenta interminables minutos que casi nos matan, termina la primera parte con un 2-2 dignísimo que hace que queramos que termine todo ya y ponernos con la sidra.
Pero el segundo tiempo ya fue el acabose, salimos como fieras, imbuidas de espíritu ganador y piernas pateadoras, nada se nos ponía por delante, ni siquiera la árbitra. Patada va, patada viene, que nos vamos para delaaaante.Nuestra portera gritaba: "Encima, encima" y yo: "Hija, no seas tradicional, puede ser encima, debajo, de lado, que no hay porque ajustarnos a estándares de otras épocas" y zas, en toda la boca, que no estamos para tesis, Marcelilla, sino para machacarnos como puro músculo y fibra que somos.
Y marcamos, 3-2, no nos lo podíamos creer, de hecho no nos lo creemos aún. y fuimos todas las montonín a por la que marcó, que la cosa era tocarse, como ellos cuando hacen barrera y celebran.
Y ya la apoteosis se acercaba, el final victorioso estaba ante nosotras, la adrenalina nos lanzaba campo (arena más bien) a través y las piernas nos temblaban (si es que ya no dábamos para más, hostia) y, de repente, como salida del mar, una sirena avanza por la playa, casi venía de otra ciudad de lejos que estaba, avanza como digo, alarga el pie, da de churro al balón y marca el 4-2, era ¡¡¡Tía Isi!!! que había despertado y nos había lanzado al estrellato.
La alegría se desbordó, nos fundimos en enormes abrazos, alguna incluso debió tener alguna pequeña pérdida de la emoción y sonó el pitido final entre vítores, alabanzas, cánticos guerreros y fuegos artificiales,. Sí, chicas, we are de champions sonaba en la playa para gozo y regocijo de las bolloabuelas, la constancia, la experiencia, la estrategia habían vencido a la fuerza y a la resaca de las jóvenes.
Y ahí, empezaron a salir de los coches cajas de sidra, empanadas, ensaladillas, bollos preñaos (cómo no), tortillas (faltaría más), sandwiches...y ya fue un no parar de comer y de beber. Eso sí, todas sentadinas que ya no estábamos para más ejercicio.
Y así fue, chicas, el día en que nos juntamos unas cuarenta bollos en un playa para celebrar que nos queremos, que estamos aquí, que existimos y que sabemos ser felices, porque entre mujeres nos sentimos como en casa. Viva el rollo bollo.
