domingo, mayo 18
Acepto la propuesta de Lena
1- No me importa bajar la basura después de una cena en mi casa cuando ya todo el mundo se repanchinga en el sofá.
2- No me importa que mis amigas frieguen los platos cuando vienen a cenar a casa (jejeje, Lena, ya lo sabes).
3- Me he acostumbrado a que no mi importe ir con una conductora a la que se le suben los caracoles al coche en plena autopista (antes, hacía como que aceleraba yo desde mi asiento de copilota)
4- No me importa no tener café para desayunar, ni galletas, ni nada de nada.
5- No me importa que el cansancio me impida salir por las noches, ni que cuando salgo sea yo la única que no bebe y acabe recogiendo a todas para ir a casa.
6- No me importa perderme capítulos de mi serie favorita, ya los veré en otro momento o no los veo, al fin y al cabo sólo es una serie de ficción.
Y lo siguiente:
1- Me encanta dar media vuelta en la cama por la noche y encontrar su cuerpo.
2- Me encanta hacer reír a mis amigas hasta que se les caen las lágrimas.
3- Me encanta cuando en una charla me atrevo a soltar una gracia y oigo risas entre el público.
4- Me encanta ver los partidos de tenis de Nadal.
5- Me encanta tener tiempo para no hacer nada.
6- Me encanta ser lesbiana y feminista.
Y ahora, buscaré una fotito o dibujo que vaya con el tema.
martes, mayo 13
X Foro por la Igualdade en Santiago
PD: os dejo el cartel del Foro, que tenía el slogan de: "Porque no venimos de planetas diferentes"
jueves, mayo 8
Parte de la naturaleza
viernes, mayo 2
domingo, abril 27
Dimes y diretes
PD: sigo sacando la pluma a pasear, anda que no me gusta a mí ni nada lucir pluma.
martes, abril 22
Llorera
lunes, abril 14
Mi ciudad
jueves, abril 10
lunes, abril 7
viernes, abril 4
Una anécdota (que me salve de enseñarme)
Bueno, nada no, casi nada, pero algo de vez en cuando sí. Como cuando pasó lo que os cuento a continuación. No me pasó a mí, sino a una compañera de zona. Ella llamó a un cole y la conversación fue más o menos así:
- Hola, mire la llamo desde...y quería hablar con la directora.
- Sí, dígame, soy yo.
A mi compañera no le suena la voz de la directora, con la que había hablado el día anterior e insiste:
- Ah ¿es usted la directora? Es que necesito unos datos y sólo puedo hablar con la directora...
- Sí, sí, dígame, soy yo la directora.
- Bueno, esto...para empezar...podría decirme su segundo apellido, que es que no tengo los datos completos...
- Bueno, es que...es que...no me lo sé de memoria.
lunes, marzo 31
¿Que no me atrevo a qué?
domingo, marzo 23
Dedicado a todas las blogueras que por aquí pasan
Pd: lo del medio es un espejito para que se refleje la cara de quien está leyendo.
viernes, marzo 21
Nunca quise tanto unas vacaciones
miércoles, marzo 12
El famoso cadáver
"Vive en aguas dulces y cálidas, se introduce en el cuerpo humano a través de la nariz y comienza a devorar el cerebro de su víctima hasta provocarle la muerte. El aumento de las muertes por culpa del Naegleria fowleri,un parásito microscópico y, hasta el momento, raro, está alarmando a las autoridades sanitarias estadounidenses. En el último año, el parásito ha matado a seis niños y jóvenes en Estados Unidos."
Desde luego, era bastante improbable que hubiera estado expuesta, si podíamos exceptuar los chapuzones veraniegos en la piscina comunitaria. El agua de la piscina estaba cristalina y el socorrista, un muchacho musculoso y siempre dispuesto, solía repasar minuciosamente cada milímetro de los azulejos con un pequeño cepillo por las tardes. En el pantano o el río jamás. Sólo probó una vez a bañarse en el río, si es un río esa balsa alargada que bordea los pueblos cercanos, porque los ríos son corrientes de agua, y ese agua no corre, como nada de por aquí. Tuvo que ser en la piscina, sí, no hay otra manera. Seguro que esa infantil manía suya de dar volteretas dentro del agua le facilitó el camino, le dió el impulso necesario para subir sin esfuerzo por sus fosas nasales y alojarse en el cerebro. Porque desde que leyó la noticia a una columna en la sección de curiosidades científicas del periódico, tuvo claro que era eso lo que le pasaba: tenía una ameba viviendo en su cerebro.
Blasfuemia recogió el relevo y siguió escribiendo:
Yo me tenía por una persona con arrojo, no es que no me asustara, aún me recuerdan los gritos que di en la última reunión de vecinos, en el garaje, cuando unas cucarachas hicieron su aparición (a saber si tenían alguna propuesta que aportar a la comunidad..). Pero eso eran cosas sin importancia, en las grandes cosas jamás tenía miedo. Esa ausencia de temor era lo que me daba la libertad de hacer lo que me viniera en gana, de hecho.
Pero lo de la ameba me tenía inesperadamente atemorizada, hasta el punto de que me pasaba el tiempo tumbada, por temor a que con el movimiento la ameba taladrara aún más mi cerebro. Pero lo cierto es que había algo de esta situación que me encantaba: Lola estaba realmente preocupada por mí. Normalmente no soportaría este estado vegetativo, dejando que sean los demás quienes resuelven. Pero si los demás son Lola, entonces es otra cosa, entonces prefiero alimentar esa sensación de debilidad, de dejarme proteger.
.- He estado investigando sobre la ameba esa, Najwa Nimri.. dijo Lola con una sonrisa
.- Naegleria Fowleri, Lola, Naegleria Fowleri Y no me hagas reír que me cuesta mucho hacerlo sin moverme.. –le contesté.
Marcela se apunta a un bombardeo y lo continúa:
No moverme, no moverme, no moverme ¿pero cómo no me voy a mover cuando veo cómo Lola se me acerca para preguntarme cómo me va la ameba? ¿cómo aguantar las manos para no tocar ese pecho que se me echa encima con tanta frescura?
No moverme, no moverme, no dar a la ameba comida, no moverme, no dejarla penetrar más en mi cerebro, no mirar a Lola, no buscarle los pechos, no tentar a la suerte ni a mí misma.
No moverme, no moverme, no moverme, que la ameba se vaya de puro aburrimiento, pero que se quede Lola, cuidándome, protegiéndome de la ameba del agua, inclinándose sobre mí para acariciarme. No moverme, ay.
Y le paso el turno a...quien diga Blas, que ya tenía a alguien pensado cuando me metí yo en medio. And the winner is: tachán, tachán...Erranteeeeeeeee.
lunes, marzo 10
Intensidad y buscaminas
domingo, marzo 9
De mujeres, votos y bragas
domingo, marzo 2
Menuda semanitaaaa
miércoles, febrero 27
No puedo evitarlo
domingo, febrero 24
Las flechas del amor
jueves, febrero 21
Yo apostato, tú apostatas, ella apostata
viernes, febrero 15
Revoltijo
domingo, febrero 10
Asturias
miércoles, enero 30
Actualizar el antivirus
sábado, enero 26
Lo obvio
Y pensando delante de aquel papelito tan obvio, me di cuenta de cuántas cosas no te digo porque para mí son obvias; y mirando unas simples cajas de cartón, susurré un "Te quiero".
miércoles, enero 23
Paciencia feminista
Sí, es difícil, pero es que ni siquiera me refiero a todas las injusticias que, como feministas, vemos y nos hacemos conscientes; no, ni siquiera me refiero a perder la paciencia por tener que estar siempre partiendo de cero, explicando y explicando lo mismo una y otra vez; tampoco, aunque parezca increíble, me estoy refiriendo a la paciencia necesaria ante tanto chiste asqueroso, tanta presentación en power point casposa y tanta serie de televisión infumable.
No, me refiero a una paciencia más cotidiana, más del día a día en el trabajo. Esa paciencia que pierdo ante cómo asume alguna gente el trato con una feminista. No es el mismo trato cuando no saben de qué vas, es más, en ese primer momento de desconocimiento nadie saca el tema de la igualdad; pero en cuanto saben que eres feminista, que te dedicas a la educación en la igualdad, que eres consciente de las desigualdades de género y que tienes conciencia en el tema, todo el mundo se cree en el derecho de hacerte saber su opinión, cuando tú no se la has pedido ni te interesa especialmente.
Son situaciones del siguiente tipo:
Oficina, nueve de la mañana, necesitas algo de un compañero y te acercas educadamente a él:
- ¿Podrías mandarme por email el documento que discutimos ayer, por favor?
- ¡Vaya, vaya! Así que necesitas que un hombre te ayude ¿eh? ¿Dónde se quedó el feminismo, compañera? Eh, pero no pongas esa cara, mujer, que es una broma, vaya cómo sois, es que no se puede ni ser agradable con vosotras, joer.
Y tú te vas a tu sitio con ganas de sacar la sierra eléctrica y “podar” alguna cabeza que otra, pero te contienes; claro que esa contención no te libra de la fama que ya te acaban de colgar de borde y asquerosa para las bromas; ya estás fichada, ya has encajado con su esquema de feminista poco dada al compañerismo.
Hay otros casos que me hacen perder la paciencia y que suceden tan a menudo que estoy por iniciar un sistemático trabajo de investigación sobre los procesos mentales que llevan a un varón a hacer el ridículo de tal manera; de hecho es un caso que me ha pasado hace pocos días y al que todavía le doy vueltas.
Llama por teléfono un asesor de un centro al que conozco, preguntaba por mi compañero de trabajo. Le digo que, en ese momento, no está, que llame más tarde. Él me da un recado con su número de móvil y para despedirme me espeta:
- Bueno, pues ahora voy a hacer la compra, que en mi casa, apunta, que sí que hay igualdad, en realidad manda mi mujer ¿no vas a hacer nada para denunciar que soy discriminado?
No dije nada, colgué y por dentro dije de todo: “Imbécil, tonto el haba, cacho carne con ojos, qué carajo me importa a mí lo que pasa en tu casa, encefalograma plano, que como feminista lucho por lo social, no por tu casa que me importa tres pitos; ignorante, fraude social, que vendes una puta compra como si fuera el hecho heroico del siglo; bobo de baba, qué lanzallamas me sale de los ojos, qué tentación de ponerlos en ridículo delante de todo el mundo, qué pena de corrección política.”
Hay otros casos, pero son menos sangrantes, son todos los comentarios que te hacen pensando que te interesan a todas las horas del día, por ejemplo: ¿Sabías que en Qatar las mujeres tienen un índice de lectura mayor que en el resto del mundo? Y tú que estabas a lo tuyo, concentrada con los últimos datos que te han pasado en tu trabajo nuevo, pues escuchas “Qatar” y le quitas la “Q”, le pones una “C” y no comprendes qué tienen que ver las vacas con la lectura (“catar” en asturiano significa “ordeñar”). También está quien, en un intento de que tú veas lo bien que tiene asumido el tema y la preocupación que muestra por el mismo, te pasa el último documento de trescientas páginas, que encontró en internet, simplemente haciendo una búsqueda acrítica, y piensa que te vas a desmayar de la ilusión y que vas a dejar todo lo que tengas delante por ponerte a leer, cual posesa, un documento al que ni siquiera le ha echado una ojeada quien te lo pasa.
Luego, están los que, en cuanto oyen algo sobre el género, se ponen el disfraz de guerrero, el de romano en el circo de los leones e inicia, por su cuenta, una guerra de sexos repleta de tópicos y de ignorancia. Éste tipo de personaje suele abordarte en cualquier momento, con la menos excusa, y además suele hacerlo públicamente, como retándote a un duelo de sexos público que te ponga en tu sitio; suele echar mano a temas como: Los hombres también son maltratados, la ley contra la violencia de género discrimina a los hombres, la mujer tiene mucho más poder del que dice, qué más se puede pedir, lo que queremos es que ellos queden esclavizados, eso era antes, pero hoy en día ya no pasa, muchas denuncias de malos tratos son mentira y van en contra de los hombres, los hombres quieren a sus hijos, pero las mujeres se los quitan cuando se separan, etc. Un ataque en toda regla que espera, por quien lo lanza, que respondas para intentar humillarte y seguir agrediéndote públicamente; una guerra que desgasta y no lleva a ninguna parte, un enfrentamiento que agota pero no aporta, una batalla de la que vale más huir y retirarse, no entrar a estos trapos, porque su objetivo no es la clarificación de conceptos, sino la agresión a una ideología feminista.
Y, seguro, que se me olvida algún tipo de personaje de esos que encontramos a diario, de esos con los que trabajamos hora tras hora mientras nuestro instinto de bruja, internamente, echa mano de todos los maleficios que a través de nuestra genealogía de mujeres nos han llegado de manera inconsciente.
Ah, y ya ni cuento, los encuentros con los que se llaman feministas, eso quizá otro día.
Un saludo lleno de paciencia.
lunes, enero 21
Cuando me empeño en algo
Es imprescindible que tenga un bar en el que quedar con todas, en el que ligar, en el que llevar a los mejores grupos del momento, en el que drogarnos hasta caer exhaustas unas en brazos de las otras, en el que…para, para Marcelilla, que de nuevo te lanzas sin pensar y sin tener en cuenta dónde estás. Bien, dando por hecho que necesito un bar, he empezado a mirar poco a poco por mis alrededores y he visto algo que podría funcionar: la cafetería del Corte Inglés.
Y ahora que tengo local de encuentro, discreto a la par que céntrico y visitado. Tendré que ponerme con el tema de buscar esa pandilla que me proteja, me mime, me quiera, me riña, me folle, me joda viva, me robe la novia, me ayude a hacer los más imbéciles actos de romanticismo, a acojan en su seno cuando lleve más hostias y, además, sean todas igual de glamurosas que yo. Tengo que encontrar una Bette, una amiga seria, responsable, fría, controladora…creo que la tengo. Una Shane no hace falta porque me la pido para mí. Una Alice, medio tonta a veces, medio lista otras, en las nubes, desesperante y graciosa al mismo tiempo…ayyyyy, que sí, que sí, que la tengo también. Una Tina, hetero-lesbi según el día, marujilla tirando a Doris Day, sosa como la dieta de un hipertenso…nada, esta la pido de catálogo, que no la tengo. Una Kit, hetero con tendencia al alcohol, que mete a su novio en la panda a la fuerza, artista y sosaina…otra para pedir. Y una escritora medio lela, que aburra hasta a las piedras, la típica que cuando ella habla las demás hacen zapping en la vida real, una petarda con ganas de fastidiar al prójimo, insegura, borde…la tengo, por Tutatis que a esta sí que la conozco.
Y bien ¿qué más me queda?
Cuánto trabajo aún para poder tener una vida como la tele manda, cuánto sacrificio para follar en todos los episodios de mi vida, cuánto afán por vivir esa vida de amor, sexo y desenfreno. Ayudaaaaaaa.
miércoles, enero 16
La B (de bollu) word
Llegué a la parada del autobús con mucha antelación, como siempre que duermo poco y me asalta la impresión de que no oiré el despertador. Ya era el segundo día consecutivo que aquella maldita serie de televisión me abducía hasta altas horas de la madrugada.
Las ojeras y los bostezos llenaban mi vacía vida… hasta que la vi. Era muy joven, seguramente una universitaria madrugadora y responsable como no lo había sido yo nunca. Alta, morena, elegante en sus maneras informales de vestir, fresca, vital, infantil en su mirada y adulta en su sonrisa.
Me miró, sé que me miró. Pero no sé si me vio, porque la ropa me mantenía embutida en una especie de tambor de detergente de los años ochenta. De repente, me di cuenta de que, efectivamente, me había visto y creí ver una sonrisa pícara en su cara de ángel. Me coloqué a su lado en la cola que esperaba el transporte público, subí justo detrás de ella al autobús, me senté a su lado mientras le dedicaba una sonrisa bobalicona y torpe.
Y encaramos la autopista. A mitad del recorrido, su mano rozó la mía; tan grande fue la sorpresa y la excitación que creí morir al dejar de respirar durante tanto tiempo; me temblaban las piernas mientras me arriesgaba a continuar el contacto de su mano en la mía.
El resto del pasaje seguía con su mediocre vida de madrugadoras impenitentes mientras en mi alma entraban mariposas coloridas, flores olorosas, pájaritos cantores y demás parafernalia de la novela pastoril a la que siempre fui afecta.
Mi amada se removió, apartó su mano tímidamente, me miró asustada…en ese momento, toda la serie vista en la noche se me vino encima y la vi sonreirme y le tomé la cabeza con mis manos y le planté un morreo de los que hacen historia, regodeándome en las caricias paralelas de mis manos sobre su pecho, recorriendo con mi lengua los lugares más recónditos de su caliente boca.
Me separé, segura de nuestra mutua excitación. Y me llevé la hostia más grande que haya llevado en toda mi vida.
Ay, Marcela, deja de ver L word y vuelve a la realidad, mujer, que ni eres Shane, ni esto es L.A., ni todas están deseando besarse contigo. Ay, qué despertar tan doloroso, ay qué pena de sueño perdido.
Y aquí sigo, trabajando, seria, descreída, rencorosa, desanimada, hundida y, sobre todo, con un dolor y un escozor de cara que me recuerda quién soy y dónde estoy.
lunes, enero 14
sábado, enero 12
lunes, enero 7
martes, enero 1
domingo, diciembre 30
jueves, diciembre 27
Pero mi indignación ha llegado al sumum, ahora sí que me borro (bueno, ya me borré hace años), ahora ya no hay disculpa para seguir en esa organización con un jefe que me ha hecho tanto daño; ahora, no hay vuelta atrás ante tamaña injusticia y tragedia: ¡¡¡¡EL PAPA HA QUITADO A LA MULA Y EL BUEY DEL BELÉN!!!!
No puede ser, qué hace el PP que no propone una mani en Madrid contra esto, dónde están ahora los obispos que no me llaman para llevar la pancarta a favor de un Belén tradicional e integrista, qué haremos en casa con la mula y el buey,...
En fin, mientras trato de responder a tales cuestiones metafísicas y salir de este disgusto que me he pillado, os dejo con la hermana asturiana de Benedicto.
sábado, diciembre 22
Despidamos un 2007 lleno de todo tipo de cosas, de buenas, muy buenas, y no tan buenas, de encuentros y de pérdidas, de experiencias y de eventos, de cambios y de permanencias; y demos la bienvenida a un 2008 que espero que se os llene de todo lo que queréis, de todo lo que merecéis y de todo aquello que siempre estuvisteis esperando.
jueves, diciembre 13
martes, diciembre 11
viernes, diciembre 7
lunes, diciembre 3
miércoles, noviembre 28
Demanda de las mujeres del siglo XXI Nosotras, mujeres del siglo XXI representándonos a nosotras mismas y a nuestras antecesoras, formulamos demanda de juicio ordinario sobre la reclamación de daños, muertes y perjuicios derivados de los abusos a los que hemos sido sometidas durante siglos:
lunes, noviembre 19
Pues sí, hermanas, hoy os quiero contar una parábola...ayyyyy, joer, que se me pegó el tono COPE al escribir la palabra parábola y no va por ahí el tema. Además, es imposible que vaya por ahí porque de pequeña, que fue cuando me obligaron a ir a misa, odiaba las parábolas y no siempre las entendía (casi nunca, más bien); de hecho, siempre pensé que el hijo pródigo tenía una jeta como un campanu, que después de fundirse las pelas de juerga vuelve a casa de papá a que lo cuiden. Vamos que yo elegía al pródigo y no al tonto el haba que se quedó currando para nada.
Pero no, que no era de eso de lo que quería escribir; os quería contar un "cuento" o parábola que leí el otro día y que me gustó como mujer, feminista y docente, o como feminista, mujer y docente o como...ya, ya, marcelilla, hija que te lías.
Hete aquí la parábola ya, al fin (escrita con todos los cambios que me da la gana, que para eso el blog es mío):
Estaba una vez una mujer paseando y vio que toda la playa estaba llena de estrellas de mar moribundas sobre la arena, las había traído una fuerte marea y no podían volver al agua. Al fijarse bien, vio cómo una joven estaba recogiendo una a una las estrellas y las lanzaba al mar para salvarlas. Se le acercó y le dijo: "¿Para qué haces eso? ¿no ves que es inútil tu labor con todas las que hay sobre la arena? No vale de nada lo que haces porque nunca lograrás salvar a todas". La chica joven se agachó, recogió otra estrella, la lanzó al agua con suavidad y, volviéndose a la mujer, le dijo: "A esa sí le sirvió".















































